El aluminio sin tratar tiene una baja resistencia al desgaste y, al exponerse al medio ambiente, forma naturalmente una fina capa de óxido de aluminio que proporciona protección contra la corrosión. Sin embargo, esta película de óxido formada naturalmente puede debilitarse al reaccionar con ciertos elementos ambientales. La solución para conseguir un mejor nivel de protección es el anodizado.
El anodizado es un proceso electroquímico a través del cual se crea una capa de óxido en la superficie de una pieza metálica. Esta capa protege al material frente al desgaste y al mismo tiempo produce una mejora a nivel estético. En el proceso electroquímico, el producto que se va a recubrir con la capa protectora actúa como ánodo de la celda electrolítica, de ahí el nombre de este método.
El proceso se asocia principalmente con el aluminio; sin embargo, hay muchos otros metales que también son adecuados para el anodizado. Aunque con distintos propósitos, se anodizan metales como el magnesio, el titanio, el circonio, el niobio, el zinc, el hafnio y el tantalio.
En comparación con la galvanoplastia y el recubrimiento en polvo, el anodizado aporta un acabado de primera calidad. Además, con él se puede lograr una gran variedad de acabados diferentes que reproducen fielmente el aspecto de los materiales que imitan.